Té negro y almendras…

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No voy hablar de uno ni del otro. Sólo que estaba tomando té negro y comiendo almendras cuando me llegó a la mente esta entrada y pensé “qué extraña combinación”. También pensé que era buen título para cualquier cosa, así que, en honor a lo random que domina mis días, lo he usado acá.

En realidad, iba a hablar sobre el día de los muertos (de los fieles difuntos, de manera más “formal”- aunque nunca he entendido lo de “fieles”), sobre costumbres perdidas y recuerdos de infancia. Sobre cosas que solíamos hacer y ahora pasan por alto… no sé si es la edad o simplemente la sociedad perdiendo su esencia. Iba a hablar de las imágenes que llegan a mi mente siempre que escucho sobre este día, pero las mejores se quedaron en mi almohada.

Recuerdo que una vez vivía en Los Hoyitos, en El Seibo, justo frente al mercado. Si caminaba hacia la esquina y miraba hacia la calle perpendicular a la de mi casa, me encontraba con el imponente pueblo blanco y la elevada cuesta que llevaba hasta él.  La loma del cementerio… aquella que nadie quiere subir porque siempre saca a relucir que no estás en forma.

En día de muertos, recuerdo que la mayoría de las personas prendía velas en sus casas y en las aceras, una por cada muerto. Yo no recuerdo haber tenido uno, a esa edad no había conocido la muerte de cerca, pero me impresionaba mucho salir a la calle mientras anochecía, pararme en la esquina y mirar todas las calles iluminadas, marcando un camino que terminaba en el cementerio, con tantas velas que parecía una especie de castillo mágico.

No se escuchaba música, no se hablaba alto… era un día de mucho silencio, aburrido y sin sentido para los más pequeños como yo. En la radio no había nada que escuchar, el volumen del televisor debía mantenerse en cierto nivel. Era una versión corta de la Semana Santa, con el adicional de las velas en las calles (siempre me han gustado las velas, quizá por eso conserve ese recuerdo intacto).

En la actualidad, estos días pasan casi desapercibidos, aunque no puedo asegurar si en la capital ha habido algún cambio evidente, pero supongo que sí. En general, veo que la gente no presta atención a ningún día… hoy todos los días sólo sirven para beber y bonchar. El significado de las cosas se va perdiendo de tal manera que olvidamos que érase una vez tuvo razón de ser.

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