Atizando el fuego…

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Quizá sea un atrevimiento de mi parte hablar de astrología, cuando apenas tengo conocimientos básicos sobre la misma. Lo mismo digo de la política (de cual no tengo conocimiento alguno). Pero me basta con el sentido común y la intuición que anda afilada en estos días. Esto es un simple desahogo, una paja mental, una reflexión que se suma a mi larga lista de cuestiones existenciales y demás yerbas esotéricas.

El mundo está raro, la niebla está espesa. A nivel individual se respira una calma con aroma a placebo, una calma que nace de tanta agitación interna y externa. A nivel colectivo, los ánimos están caldeados. En Santo Domingo, las palabras “protesta” y “reforma” son denominador común en las últimas semanas. De momento no hablaré ni de una ni de la otra… tengo mis opiniones al respecto, pero entre tantos puntos de vista y considerando que mi amigo Mercurio se divierte alterando los canales de comunicación, no seré cómplice del caos.

Me preguntaba anoche dónde estaría Marte en estos momentos en que Mercurio está retrógrado. La respuesta no es muy bonita: Marte está en Sagitario. Ahh… ahora todo tiene sentido, aunque sentido sea precisamente lo que hace falta.

Repasando brevemente mis apuntes de Astrología:

El planeta Marte toma su nombre del dios de la guerra en la mitología romana. Éste define nuestras expresiones en términos de acción, así como de conflicto. En su aspecto positivo, nos llena de valor y de energía, pero en su aspecto negativo nos torna agresivos y desborda la ira. Por su parte, Sagitario es un signo de fuego… creo que no necesito decir más.

Ahora aplicando aritmética básica, Marte en Sagitario se traduce en un boost energético que si no se controla puede ser catastrófico. Y, bueno, no creo que haya mucho control de por medio cuando al fuego se le echa gasolina. A la ecuación agregue a Mercurio retrógrado, el cual siendo regente de las comunicaciones hará que todos los mensajes se distorsionen y que la confusión esté al 2×1. Tenemos como resultado que:

X = Caos.

Pero un caos tan organizado que hasta puede parecer lo contrario.

Es precisamente lo que veo. Es precisamente lo que siento. Sectores despiertan y responden… se agitan y, por momentos, se cree que inundarán todo como río sin cauce. Pero- siempre hay un pero- una vocecita me dice: “Están haciendo lo que “ellos” esperan que hagan…. es predecible, es peligroso”. Es salir a correr bajo la lluvia porque un enorme deseo pudo más que la razón… es ceder ante el impulso, tomar una autopista y pisar el acelerador sin mapa en mano.

¿Hacia dónde vamos? ¿Qué podemos conseguir? ¿Cuáles son las propuestas? ¿Son los medios correctos?

Del fuego pueden salir cosas maravillosas, pero en exceso sólo quedarán cenizas.

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